Crónica Primavera Sound 2018

en junio 14 | en Reports | por | Sin comentarios

Un año más, otra edición multitudinaria con unos números de infarto. Se hable de artistas, de cifras de asistencia, de datos relacionados con la producción del festival, el baile de cifras es una locura de la cual se pueden extraer muchísimas conclusiones, siempre a gusto del intérprete. Sin embargo, una de las conclusiones que se pueden extraer y satisfacer todos los puntos de vista es que Primavera Sound es, por méritos propios, uno de los referentes a nivel internacional en cuanto a eventos musicales se refiere. Esto, para algunos resulta una bendición, la psoibilidad de traer cada año lo mejor del panorama musical.  Para otros una sentencia de muerte, el fin del festival tal y como lo concebimos cuando éramos jóvenes, inocentes y asistíamos al festival por primera vez, el repetido mantra de “esto ya no es lo que era”. Desde luego no es el mismo festival que nació en los albores del nuevo milenio ni falta que hace. Primavera Sound es ya muchos festivales en uno, y ofrece tantas posibilidades como asistentes tiene el festival. Sigue provocando una especie de vértigo cuando tienes el cartel y los horarios delante y provoca también ese nudo en el estómago, esos nervios primaverales, esa ilusión. Tiene mucho de componente social (¿qué es sino un festival de música?) y es, de manera oficiosa, el pistoletazo de salido para la temporada de verano para el público local.

Si bien siempre se ha hablado de que el perfil del público asistente al festival es gente habitualmente de clase media para arriba, con buenos ingresos (el coste del festival sigue siendo elevado) y superando la treintena. Un público que encuentra en el cartel de Primavera Sound la posibilidad de revivir sus días de gloria de escuchando las bandas que conformaron la banda sonora de su juventud. O quizá verles por primera vez, ya que eran demasiado jóvenes para entrar en una sala de conciertos. Si bien sigue conformando el grueso del festival, hay una tendencia cada vez más evidente a encontrarse con un público más joven, síntoma también de un cartel cambiante, que se adapta a las nuevas tendencias musicales y que además ofrece otra lectura: El indie rock está huérfano de nuevas grandes bandas. Un vistazo rápido a los cabezas de cartel nos sirve para confirmar que los grandes nombres siguen repitiéndose. La electrónica, el r&b o el hip-hop están adueñándose del grueso del cartel. De ahí que Primavera Bits sea ya un festival dentro del festival, con su propio cartel y, aunque sea por cuestiones logísticas y geográficas, su propio espacio dentro del recinto. Como página dedicada esencialmente a la música electrónica y de baile, el grueso de nuestra crónica recae dentro de Primavera Bits, pero también en la que quizá fuera la mayor alegría de este año, ese maravillo espacio llamado The Warehouse, con showcases temáticos cada noche. Sin lugar a dudas un espacio que debe asentarse como parte del festival, por lo diferente del resto del resto de escenarios, por las posibilidades que ofrece a la hora de programar según qué artistas, por la atmósfera creada…

Fueron tres noches en  The Warehouse que elevaron la calidad del festival. El jueves dio buena cuenta del revival del electro, con los potentísimos directos de Morphology y Carl Finlow para inaugurar el espacio o el cierre de Radioactive Man. Recogieron el testigo Giegling. El colectivo alemán, siempre en la frontera del underground, volvieron a maravillar gracias a esa mezcla de minimal techno, deep house y grandes dosis de emotividad en sus directos o sets. Cada uno con sus matices y su propia visión de la música, pero con evidentes nexos que consiguen transportarte todos a un mismo espacio y tiempo. Así, la emoción cruda y casi etérea de Leafar Legov sentó las bases de lo que estaba por venir, cerrando con ese maravilloso remix de “Shadow” de Chromatics, broche de oro a un live gélido y penetrante. Molly se destapó con un set que encandiló a todos y cada uno de los ahí congregados. Elevó la temperatura y cedió el testigo al b2b de Konstantin y Dustin, demostrando en qué consiste el sonido Giegling. ATEQ cerraba por todo lo alto una noche para el recuerdo. Quedó confirmado, una vez más, que el entorno hace mucho a la hora de disfrutar de la experiencia. Y si hablamos de experiencias, el sábado iba cargadísimo con el showcase de Warp. Siempre un paso por delante, el sello británico acogía las experiencias extramusicales de Yves Tumor y Evian Christ como principales reclamos, pero no podemos olvidarnos de Gaika y sobre todo de TUTU, una de las grandes triunfadoras del festival. La dj catalana arrasó con un set que tan pronto se asomaba por los límites de la deconstructed club music como sonaban raperos, el mítico “Hackney Parrot” de Tessela o puro hardcore. Dentro del set, se convierten en pequeñas piezas de un engranaje perfecto, un discurso bien planteado que adquiere sentido a medida que va avanzando. El futuro pinta bien para ella si prosigue esta senda.

Fuera, al aire libre, al lado de la playa, estaba también el Xiringuito Aperol, que se estrenaba también con una programación de lujo por la que pasaron ilustres como Josey Rebelle, que fue la encargada de inaugurar el festival propiamente dicho, Champion que viajaron a la época post-dubstep, desparramándose con hits UK Funky, bass music, algo de dubstep y en general todo lo que salió de las islas británicas por aquella época. Daphni vio claro que debajo de ese sol de justícia había que poner una banda sonora acorde y apostó por disco, funky y el cóctel habitual de sus sets, sin tocar house o techno. Algo que sí hizo Four Tet, que subió el ritmo y la intensidad, aunque no faltó su aclamado hit del verano pasado “Question” así como el inagotable “The Sky Was Pink” de James Holden. Floating Points sin ataduras, con seis horas por delante, animó a los más valientes que se congregaron el viernes. Y algunos más valientes repitieron el sábado, acompañados de los amigos de Dekmantel, pinchando ellos mismos junto a Orpheu The Wizard y Palms Trax. La oferta invitaba, pero el calor y el sol, sin muchas sombras bajo las que cobijarse, impedían disfrutar de la experiencia. Algo que puede mejorar si se repite este concepto el próximo año.

Fue DJ Seinfeld el primero que congregó ya un buen público en el Desperados Club, liberado ya de la etiqueta lo-fi house, y apostando por un sonido más duro y clásico. No en vano, fue el primero que pincharía aquella noche uno de los básicos del house como es “Your Love” de Frankie Knuckles. Luego, horas más tarde, Levon Vincent haría lo propio, reajustándola dentro de un set de puro techno. Marcel Dettmann volvió por sus fueros con un set de techno a la Berghain, a diferencia de su última visita a Barcelona. Estaba ya escrito en todas partes que Peggy Gou se convertiría en uno de los sets más aclamados y con mayor asistencia y voluntad del público para gozarla. No defraudó, virando a medias entre el techno y el house, también acudió a los clásicos y se soltó con el “French Kiss” de Lil’ Louis, muy celebrado, o incluso rescató a Celeda y esa maravillosa “Be Yourself” que va creciendo poco a poco. Aunque el momento cumbre del set fue cuando sonaron las primeras notas de su éxito “It Makes You Forget (Itgehane)”. Delirio generalizado y algún conato de coro. Es su momento y lo está aprovechando a la perfección. En el mismo escenario y entrada la noche, Honey Dijon volvió a despachar un set tan petardo como serio. Y cuando hablamos de petardo lo decimos como algo más que positivo. Disco y house fundidos en un solo sonido, sonaron divas del r&b como es habitual, del mismo modo que dejó su sello con su referente “I’m Every Woman”, sonando a cappella para un público entregado a la causa. Gerd Janson le siguió y no dio tregua, siempre también con el puntito hortera y saltando entre géneros, dejando la bomba de este verano que es el “Neutron Dance” de su queridísimo Krystal Klear, publicada en su sello. Está sonando y seguirá sonando en todas partes.

El sábado, como viene siendo tradición, Hivern Discs comandaba la programación del escenario. Alicia Carrera oficiaba de buenas a primeras, cediendo el testigo a un Orpheu The Wizard, que pinchaba de nuevo a escasos metros de donde lo había hecho horas antes, y con el sol empezando a bajar, refrescó el ambiente con un set centrado disco, zouk, funky, boogie. El live de Eva Geist, artista al alza, bajó revoluciones pero tocó la fibra a más de uno con sus composiciones. Después de la calma llegó Solar, único en su especie, y apretó desde el primer minuto. EBM, techno, y oscuridad como piezas fundamentales de un set de un Solar que lo hace fácil, con una sonrisa y un tono desenfadado. El sorprendente b2b de Bufiman y Dj Normal 4 fue otro de los vencedores del festival, un invento de los chicos de Hivern y que tras un inicio en que parecían testarse el uno al otro, empezó a funcionar a altas revoluciones para no bajar en ningún momento. Fue la constatación de que dos buenos dj funcionarán sea cual sea su discurso. John Talabot repitió su disco set, aunque no sonó todo lo bien que se podía esperar y esto afectó al desarrollo del set. Sin embargo, momentos como el “I Can’t Stop” de Larabelle encendieron a un público que sigue venerando a uno de nuestros mejores dj. El broche de oro de la noche y del festival, el cierre de Donato Dozzy, fue un regalo absoluto. Una delícia y un regalo poder ver a una de las leyendas de la electrónica, a un tipo para el cual las etiquetas o los géneros no existen, no sirven para él. Maestro a los platos y a la producción, cerró el festival como se merecía, un set sin ningún titubeo, con la sensibilidad habitual del italiano.

Mención especial para el Bacardi Live, mejorando ostensiblemente el sonido que ofreció el año pasado. Essaie Pas, el proyecto a medias de Marie Davidson con Pierre Guerineau, fue todo lo bueno que uno podía imaginar y más. Sonando muy diferente de su última visita a Barcelona, durante el MIRA Festival, el dúo tiró de la parte synthwave de su discografía, pero también hubo sitio para su trabajo más reciente, “New Path”, acercándose al techno. Especialmente vibrante fue cuando interpretaron “Substance M”, incluida en este último trabajo. Como una tormenta descargando en medio del cielo despejado, una descarga penetrante. Un directo maravilloso, potente, algo que ya es marca de la casa cuando Marie Davidson está en el escenario. En este mismo escenario aparecieron Superorganism. Este maravilloso experimento con músicos de diferentes partes del mundo, ofrece ese puntito de alegría, locura y desenfado a una escena siempre tan seria. Con reminiscencias en el sonido, la estética o la idea del grupo a una década atrás y bandas parecidas, su directo enérgico, divertido, animado fue la confirmación definitiva de que son un grupo a tener en cuenta. Ya sorprendieron cerrando la pasada edición de Primavera Club y ahora reafirmaron su candidatura.

En los escenarios grandes, el directo de Fever Ray fue uno de los grandes vencedores, con una puesta en escena y un sonido atronador. No se olvidó de algunos de los clásicos de su carrera en solitario y apostó por darle una nueva pátina a los nuevos temas. Uno de los grandes reclamos del festival, la actuación de Björk, también cumplió con creces. Si destacamos la puesta en escena de Fever Ray, la de Björk bien podría ocupar un artículo solo para ella. Impresionante el decorado así como las flautistas, los trajes, los visuales… un derroche visual que acompañó a un directo arrollador e intimista a la vez. Siempre a la vanguardia musical, rodeada de algunos de los artistas y productores más excitantes de los últimos años como The Haxan Cloak o Arca, apostó de nuevo por su voz como protagonista principal, acompañada de un sonido orgánico, más natural que nunca, con algunos momentos que erizaban el vello. Así fue cuando de una tacada sonaron  “Isobel” y “Human Behaviour” para delirio del público. Un directo a la altura de una artista única.

Fue este Primavera Sound una especie de punto de encuentro entre las nuevas tendencias musicales, con los nuevos géneros o la revisión de antiguos sonidos ahora encajados dentro de otro tipo de expresiones artísticas (trance o gabber, por ejemplo) haciéndose un hueco, conviviendo con un el techno, el house o la música disco, siempre los grandes ganadores y que ahora buscan y rebuscan en los orígenes para exprimir de nuevo un sonido que no se agota y que en este viaje al pasado encuentra nuevas ideas para escribir el futuro de estos estilos. Cuando en otro momento a muchos nos hubiera parecido un sacrilegio estar a estas alturas del partido con esta táctica, ahora resulta el camino a seguir. Una oportunidad de oro para enganchar a las nuevas generaciones. Algo que se hace extensible al resto del festival.

 

Comentarios

Comments are closed.

related posts

« »