La visita de Lorenzo Senni para cerrar este ciclo trimestral de DNIT era el broche definitivo a una cuidada selección de artistas y directos. Era una celebración del mito rave, ese concepto que el italiano ha llevado hasta el extremo, como cuando algunos decidieron coger los elementos básicos del house y crear el microhouse o lo propio con el techno y el minimal. Si bien el sonido maximalista que hay en la obra de Lorenzo Senni parece abogar justamente por lo contrario, no es menos cierto que el concepto, la idea que reside en su discurso es la de reducir el trance, sobre todo, a su núcleo, despojándole de la carcasa que le acompaña habitualmente y que a juicio de Senni, ensucia la idea inicial.

De ahí ese desenfreno que hemos visto siempre en su obra y que en Persona ha terminado por sintetizar y dar con la fórmula mágica. Se trata de un disco que probablemente no sorprendería a los conocedores de su obra previa, pero que sin embargo añade una nueva página, y qué página, a su obra y de paso sigue abriéndose paso en el público mayoritario. No es tarea fácil, aunque ese Elegant, And Never Tiring hizo que el nombre de Lorenzo Senni sonara en todas partes. El Dj Kicks de Actress tuvo parte de culpa al incluirlo.

Dicho esto, y hablando ya de lo que aconteció el pasado viernes en el vestíbulo del CaixaForum fue una demostración de sencillez y pasión. Como el propio Senni afirmaría luego, al ser preguntado por el software y hardware que traía consigo, él no concibe un directo cargado de maquinaria en el que el artista desconecta de esa unión con el público para zambullirse entre cables, knobs y pistas. Un poco como el manido recurso del músico de jazz pero aplicado al siglo XXI. Pues en el caso del artista italiano, el directo consiste en disparar los temas y adornarlo mínimamente para ser él el primero en disfrutar y dejarse llevar por sus sonidos. Una demostración de que su obra, sea mejor o peor, es el resultado óptimo en su imaginario y le eleva. Como espectador, a veces resultado complicado encontrar el equilibrio entre el directo sesudo que despierta emociones profundas o el directo simple, puro, crudo, pura rabia o desparrame. Y esto es algo aplicable en cualquier género, es algo que está por encima de cualquier género; estamos hablando de música. En este sentido, los bailoteos noventeros de Lorenzo Senni constituyen una demostración empírica de lo que es sentir la música, de como te transporta un sonido cuando es tu sonido.

Parece esta crónica una disertación filosófica sobre el concepto de directo, pero es que es a lo que nos remitió la actuación de Lorenzo Senni. Un directo sin demasiadas complicaciones, despachando el Elegant, And Never Tiring a las primeras de cambio y luego dando buena cuenta de todo el Persona, con ese demoledor Win In The Flat World que haría las delícias de los más fans. También es cierto que sin ser una de las noches en las que el vestíbulo del CaixaForum presentaba un lleno hasta la bandera y que la sencillez del discurso y lo estridente, a veces, que resultaba y resulta la obra de Senni ponía a prueba a los más despistados, lo cierto es que el recital del artista italiano supuso un soplo de aire fresco en una época en que hemos entrado en la dictadura de la imagen y de la maquinaria. Aunque parezcan dos conceptos totalmente separados y que hagan levantar del asiento al lector, no se escandalicen: hemos llegado a un punto en que si el artista no presenta un buen arsenal de cacharros para llevar a cabo su directo, este queda automáticamente visto para sentencia.

Evidentemente no es así y hemos asistido a infinidad de directos de música electrónica, ya sea experimental o de baile, en el que más maquinaria no equivale a un mejor directo. Y ahí reside la grandeza del directo de Senni, un directo sin complicaciones (de hecho apenas sí había algún intento de transición entre temas), soltando bombas a diestro y siniestro y gozando bailando los temas. Al final se trata de esto y poca cosa más.